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LO PUT...MENTE DIFICIL QUE ES CAMBIAR


Hace casi 3 años llegué a los Estados Unidos a empezar de cero, con sólo mis hijos, 2 maletas y el corazón lleno de esperanza. Todo se quedó en Colombia, mi familia, mis amigos, la fotografía, los bártulos que me acompañaron durante todos estos años.


Llegué con ganas de comerme el mundo, mi trabajo soñado me estaba esperando, una nueva vida estaba por comenzar, tener la oportunidad de servir a las personas haciendo life coaching, trabajar con 2 mujeres a las cuales admiro profundamente, conseguir una casa nueva y decorarla, mis hijos estaban felices con la posibilidad de un nuevo comienzo... Nada podía ser mejor...


Cuando empecé a trabajar, no fue ni cinco de fácil. No estaba preparada para trabajar con personas en procesos tan difíciles, me di cuenta que mi capacitación como coach, no me estaba sirviendo para nada, de que sirven los conceptos si ni siquiera sabes como usarlos? Con el tiempo entendí que ser coach se aprende, poniendo todo de uno en cada conversación con un cliente, para ser un buen coach, hay que afinar la intuición, hay que dejar el juicio, hay que entender que todos los procesos que la personas están viviendo, por muy dolorosos que parezcan, son simplemente un llamado a la transformación, no sólo de tu cliente, sino de ti mismo. Cada persona que se sienta en frente tuyo, sólo viene a recordarte en lo que te hace falta trabajar... Pero en ese momento estaba muy lejos de entender estos conceptos...


Lloré tanto el primer año, me sentía inadecuada para el cargo, sentía que ser coach era una mierda, que era la peor de todas, que le hacia un daño en vez de un servicio a las personas a las que atendía, sentía que no estaba haciendo lo que se esperaba de mi, que estaba defraudándome a mi misma, a mi familia, a mis clientes. Durante ese tiempo mi jefe fue "implacable", recordándome constantemente el proceso de transformación al que me había comprometido conmigo misma y muchas veces la odié por eso...


Recuerdo noches, saliendo de la oficina, llorando como una magdalena mientras manejaba hacia la casa, maldiciendo el día en el que decidí cambiar mi zona de confort, por la puta incomodidad, en un país donde nadie me conocía, donde no era nadie... Fueron días grices, extremadamente difíciles, me odiaba a mi misma, a mi lentitud, a mi proceso de aprendizaje y al cambio que parecía que no estaba sucediendo.


Un día tuve una discusión con mi jefe, la peor de nuestra historia. No sé qué paso en ese enfrentamiento, pero algo en mi cambió... Ese día entendí que mi proceso de cambio es sólo mío, que no se parece al de nadie, que la velocidad no importa. Hice un recorrido por el camino andado y vi una transformación hermosa, entendí que mi camino era único y estaba diseñado perfectamente para mi. En ese momento amé mi transformación lenta, lenta como un caracol, y en esa reflexión me amé a mi misma, reconocí mi valentía, mi coraje, mis ganas y el enorme cambio que pude ver en mi en ese momento.


Observé la Giovanna del 2014, la que estaba vuelta mierda, la que se tiñó el pelo de negro en luto absoluto, la que un día sintió que había perdido el sentido de la vida, la que empezó una cruzada para salir del hueco, la que hoy estaba a flote, la que no se ahogó y lloré de gratitud y reconocimiento! Sentí dentro de mi una sensación de paz indescriptible. Paz conmigo misma, paz con el proceso, paz con todos.


En este proceso he entendido que cambiar y transformarse es putamente difícil, hay mucho miedo al fracaso. Todos tenemos nuestra propia versión del fracaso, que va normalmente ajustada a lo que hemos aprendido de nuestras familias y de la sociedad, olvidándonos de nuestra propia versión de lo que significa el triunfo. Estamos condicionados por lo patrones socialmente aceptables y a menudo nos encontramos atrapados en una camisa de fuerza de la que con frecuencia no somos capaces de salir, como si lo anterior no fuera suficiente, los seres humanos estamos diseñados para vivir en un ambiente predecible, el cambio es interpretado como peligroso porque nuestro sistema está diseñado para la certidumbre....


Que hay más impredecible que el cambio? Para esa parte de nuestro cerebro que considera todo cambio una amenaza, el deseo de transformación es literalmente LA MUERTE! Por eso es tan difícil cambiar, porque estamos yendo en contra de nuestra propia naturaleza.

Otro de los aspectos que hace difícil la transformación es que vivimos comparando nuestro proceso con los procesos de otros, es complicado también por la cantidad de expectativas con las que empezamos el proceso, es difícil porque tenemos miedo de lo que los demás opinen de nosotros y porque en nuestra mente, al empezar el proceso, no existe la posibilidad de devolvernos, pensamos que devolvernos es fracasar...

EL CAMBIO ES DE VALIENTES!!!!! Todos tenemos dentro de nosotros un guerrero, un profundo deseo de cambiar, transformarnos y ser mejores! Te invito a que emprendas tu cambio. Que tal si decides cambiar, no importa si la velocidad es de caracol, que tal si decides cambiar sin juzgar tu proceso, sin expectativas, a la velocidad que es cómoda para ti?, amándote y teniendo compasión contigo mismo y con la forma en que abordas los tropiezos del camino...


Vinimos a este mundo para transformarnos y en ese proceso sanar, para eso estamos aquí! Tu decides si lo haces con dolor, con miedo, con angustia, sin confianza, o lo haces como si fueras un niño, disfrutando de cada momento, de cada reto, de cada logro, con tu capacidad de asombro encendida y amando cada instancia, cada paso del camino.

Y no se te olvide... También se vale devolverse!

En el proceso de transformación, cada paso cuenta, no importa si es hacia adelante o hacia atrás!


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