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¿PEDIR PERDON YO? ¡PORQUE SI EL TUVO LA CULPA!

Updated: May 28, 2018



20 días habían pasado desde que Carlos Andrés me había pedido un tiempo para pensar si quería continuar o no con nuestra relación, 20 días que fueron un tormento. Finalmente, esa mañana, recibí un mensaje de texto. El mensaje era simple, me preguntaba, cuando nos podíamos ver. Después de intercambiar cortos mensajes, acordamos que vendría a mi casa ese día en la noche.


Esa sensación de no saber qué iba a pasar me estaba matando. Lo esperé impacientemente. Cuando finalmente llegó lo vi distinto, distante, con esa energía de adiós que no puede negarse.


El mensaje fue claro y conciso: No quería continuar con la relación… Yo me transformé en un monstruo, lo insulté, le dije que no me volviera a llamar nunca, le saqué cosas en cara que no venían al caso… Estaba completamente presa del dolor, irreconocible. En ese momento el era el culpable de todo mi dolor y yo era su víctima!


Desde ese momento mi vida dio un giro de 180 grados. Una tristeza profunda se apoderó de mí, me teñí el pelo de negro, empecé solo a utilizar ropa negra, estaba en duelo. Empecé a sufrir de insomnio, no tenía ganas de comer, estaba distante y desconectada de mi familia, ya no quería trabajar. Podría decir, sin ninguna duda, que ha sido el momento más triste de mi vida.


Un día me desperté y sentí un cambio dentro de mí, entendí que, si me quedaba en ese estado de letargo, ese dolor duraría años. Yo me conozco y se cómo son de lentos mis procesos en estos temas del corazón.


En ese momento tomé una decisión. Me puse en acción, busqué información que me ayudara a salir de ese hueco y emprendí una cruzada en que llevo 4 años. Estuve en un retiro personal durante un mes, donde diariamente me levantaba al alba para ver el amanecer y meditar. Hice un diplomado de programación neurolingüística, caminé el Camino de Santiago, me fui a vivir a Estados Unidos, me certifiqué como coach y facilitadora del Test de la Pasión. Dediqué mis horas de ocio a oír libros de autoayuda. Conocí a Tony Robbins, Wayne Dyer, Joe Dispenza, y Byron Katie entre otros.


Un año después de que la relación había terminado, participando en un evento, entendí que todas las personas tenemos nuestro proceso, que nada es personal y que era el momento de hacer enmiendas. Yo no podía seguir viviendo con ese odio y resentimiento en mi corazón. No podía continuar siendo su víctima. Entendí que el que ama incondicionalmente lo único que quiere es la felicidad del otro. Si él era feliz sin mí, eso era lo que yo también quería.


Supe que lo único que me liberaría sería el perdón. Cuando yo pido perdón, soy yo la que sana. Me llené de valentía, lo contacté y acordamos reunirnos. Le llevé flores y le escribí una carta. Mirándolo a los ojos, le hablé desde el alma, le pedí disculpas por la forma en que me había ido de su vida, por las cosas que hice y dije, le aseguré que él no era culpable de nada, que tenía todo el derecho a buscar su felicidad. Mientras le hablaba, sentía como el peso del dolor, de la rabia y de la culpa, se disipaban mágicamente dándole paso a una paz que no conocía. ¡Fue mágico!


Hoy, 3 años después de ese encuentro, pienso en Carlos Andrés y una sonrisa de gratitud se dibuja en mis labios. Hoy entiendo que su decisión de irse de mi vida, fue el mayor regalo que él pudo haberme dado. Si él no se hubiera ido, yo no hubiera recorrido este camino de autoconocimiento que le ha dado a mi vida un nuevo sentido, una nueva profundidad.

El camino hacia donde la ruptura con Carlos Andrés me dirigió, me ha conectado con mi misión y propósito en la vida. Hoy me encuentro viviendo en el lugar donde quiero vivir, tengo una nueva pareja y estoy haciendo lo que amo. ¿Como no estar agradecida?


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